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La mujer y el problema del poder

Luego de pasado un año del gobierno de la derecha tradicional, la confusión y la dispersión en que se encontraba ese gran campo difuso y ambiguo que hemos de llamar izquierda va desapareciendo, las cosas parecen irse acomodando, aunque no necesariamente para bien. Y, cuando hablamos de acomodarse para bien o para mal, partimos de la visión de las clases en la sociedad y la correlación de las fuerzas de éstas.

La realidad marca que hoy la clase obrera no tiene una representación consolidada en la sociedad y no interviene de manera independiente, quienes dicen hablar en nombre de ella, no defienden sus intereses específicos, presentes y futuros, sino que una y otra vez buscan ponerla en la cola de partidos burgueses y pequeñoburgueses.

Revertir esta situación no sólo es posible, sino que es necesario, no hay otra salida para la amplísima mayoría de los habitantes de nuestro país, de los trabajadores, que pelear por un gobierno propio, un gobierno por ellos y para ellos. La clase obrera puede y debe gobernar, pero para eso hay que traer una reivindicación histórica, la reivindicación del Poder. Sólo con el Poder de los trabajadores, es decir, con su gobierno, las riquezas sociales que ya existen no sólo fluirán y se generarán para beneficio de toda la sociedad, sino que se multiplicarán.

Pero nada de esto es ni siquiera imaginable, sin empezar por la reivindicación más básica e inicial: su expresión propia e independiente.

Este medio no es neutral, es un medio al servicio de este objetivo. No es un medio “contrahegemónico” más como los que nacen una y otra vez tomando las consignas y planteos de moda. Este medio tiene una razón de ser, una función social: aportar a construir un gran movimiento del proletariado que detente el Poder.

Hoy la corriente progresista, nueva forma que ha tomado el oportunismo político, tiene una hegemonía importante en el movimiento obrero. Hay que sumar a esto cómo una de las últimas actualizaciones de la ideología burguesa, el posmodernismo, gana gran terreno. En este escenario plantear la consigna del derrocamiento del Poder de la burguesía para que los trabajadores instalen su gobierno democrático, es decir, defender los objetivos que el socialismo científico ha planteado para el movimiento obrero, es una tarea que requiere gran firmeza ideológica. Vivimos una situación comparable con al momento de pre primera guerra mundial, donde el movimiento obrero fue sacudido por una crisis de magnitud similar, en la que las principales organizaciones obreras del mundo capitulaban y se ponían al servicio de la burguesía.

La lucha de las mujeres contra la explotación y la opresión generales y específicas

Más allá que el 8 de marzo hoy se ha instalado como el Día de la Mujer, tomándose por una parte de la sociedad como una ocasión festiva y por otra como una ocasión en la que colectivos, ONGs y organizaciones sociales se movilizan, con consignas y planteos que se autodenominan feministas. Es en los últimos años donde el feminismo ha aparecido con gran fuerza y ha puesto bajo su influencia, directa o indirectamente, a varios movimientos de mujeres y varias demandas. De esta manera, por diferentes motivos, en este mes se pone en boga las problemáticas que sufren las mujeres.

Los orígenes del 8 de marzo tienen por un lado un origen obrero, y por otro, del movimiento socialista de principios del siglo pasado. Pero esto parece haberse sacado de toda escena, salvo para un comentario anexo en alguna publicación ocasional.

Para nosotros es de cardinal importancia la lucha de las mujeres, ya que el sujeto revolucionario, la clase obrera, es en más de la mitad, mujer, es así que no podemos concebir la unidad y lucha de la clase obrera sin contemplar los problemas de las mujeres trabajadoras, que además de sufrir la explotación y la opresión por ser obreras, sufren otras por ser mujeres.

En este sentido queremos hacer una afirmación, la que aunque con un poco de estudio y reflexión cualquiera podría llegar, hoy decirla parece ser una afrenta imperdonable: el feminismo es una corriente que no puede dar respuesta a los problemas de las mujeres trabajadoras, la única corriente de pensamiento que; no  sólo ha explicado las causas de la explotación y la opresión específica de las mismas, sino que ha señalado cuales son las condiciones para su liberación, es el socialismo.

Y no solo lo ha explicado, sino que el socialismo triunfante en la Unión Soviética mostró que era posible liberar a la mujer de la esclavitud doméstica y que pasara a participar activamente de la sociedad, de manera productiva y política. La creación de guarderías, casas cuna, comedores y centros de alfabetización estatales, con el objetivo de separar esas tareas de la unidad familiar individual y transferirlas al ámbito público, socializando el trabajo en nuevas ramas de la producción, entre otras, son un ejemplo de esto.

Por eso, el camino de la liberación de la mujer trabajadora es el camino de la unidad con el resto de su clase para transformar la sociedad y sentar las bases de su liberación, como obrera y como mujer.

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